Historias de Chamanes – Un encuentro con el chamanismo Maya

UN ENCUENTRO CON EL CHAMANISMO MAYA – Jacobo Gringberg

Hace calor en Rishikesh, tanto que el único remedio para no sofocarse es sumergirse en el Ganges helado y refrescante. En una pequeña librería colindante con el río, he hallado un tesoro; un texto original describiendo una técnica de meditación milenaria: el Mahamudra. Me ha fascinado leerlo; afirma que toda experiencia surge de la misma fuente y que ésta puede ser conocida observando el origen de todo pensamiento, de toda imagen o sonido. La he practicado sentado en la arena viendo las diminutas olas que se forman en la orilla del rio. Después, al caminar por el mercado de la ciudad he intentado focalizar mi atención en el origen de las órdenes que activan mis pasos. Más delante, al enojarme con el dependiente de una tienda que me ha querido engañar.

El texto tiene razón, si se atiende al rigen de toda experiencia se establece un contacto con una especie de espejo de la realidad que se ve inafectado por las modificaciones de la experiencia y que sólo refleja sus fundamentos, su luminosidad básica y autorrefulgente. Pronto, empiezo a encontrar obstáculos y a necesitar un guía, un maestro. Estoy en la India y Mahamudra es una técnica Budista; los Gurús no la conocen. Decidí buscar en Nepal y en un lamasterio en la cercanía de Katmandú, Lama undrup me contesta con un lacónico —Mahamudra eres tú—cuando le pregunto por algún Lama que me quiera guiar en la práctica.

Regreso a Rishikesh y medito junto a la tumba de Sivananda en el Templo de la Divine Life Society. Me observo y mantengo la observación hasta que reconozco mi “Centro” y me integro en mí mismo. El ambiente es claro y sereno y la luz del Sol penetra por la puerta principal del Templo entibiando la atmósfera. Salgo y una muchacha morena de complexión robusta me llama la atención; algo en su energía me es familiar. Me acerco a ella y al confesarme su origen judío confirmo mi impresión, yo también lo soy. Me llaman la atención unas cicatrices en sus brazos. Me dice que antes de la India vivía en Cancún, dedicada a cazar cocodrilos y aprender de sí misma ayudada por su maestro, Don Panchito de Tixhualactun, un chamán maya de 130 años de edad.

Reconozco en el encuentro una señal y sé que mi próximo destino será la Península Yucateca. La única forma de llegar con Don Panchito es a través de Doña Sara, su discípula principal. Encuentro a Doña Sara en Cancún y me somete a una docena de pruebas y a un intenso interrogatorio antes de acceder a presentarme a su maestro. Quiere estar segura de la bondad de mis intenciones y de a calidad de mi energía. Por fin accede y en la madrugada le envía un mensaje a Don Panchito a través de una velación.

Enciende una vela, se concentra en ella y envía su pensamiento: Jacobo y llegaremos mañana a las II de la mañana. El amino hacia Tixhualactun es mágico, atravesamos una especie de túnel vegetal matizado por una energía penetrante ue desemboca en un pueblito típico de la zona central de la Península Yucateca. Varias mujeres vestidas de flores ecogen agua de un cenote profundo y una Iglesia centenaria reposa en la calma de una atmósfera plácida y caliente. e iento en otro mundo y Doña Sara me señala el camino hacia una choza de techo de paja y paredes de palos. Aquí vive on Panchito —me dice en un susurro—. El interior de la choza está ocupado por una hamaca que cuelga del techo. oña Sara me dice que me acueste en ella y yo siento la invitación como un preámbulo a un acto iniciático. Don anchito o aparece y yo obedezco a Doña Sara.

Pasan varios minutos y un reflejo rojo atrapa mi atención Volteo en su dirección un anciano delgado sosteniendo un bastón aparece en la puerta. Sus ojos parecen dos antorchas y su cara refleja una gran fuerza. Siento su energía en el corazón y una especie de puente chispeante se establece entre ambos. Me le acerco y me abraza husmeándome primero el lado izquierdo de mi cara y luego el derecho. Me río regocijado por la originalidad el saludo. Don Panchito dice algo en maya que me es traducido por doña Sara —dice que tu energía es muy afín a la tuya y que nos esperaba a las II de la mañana y hemos llegado a las 3 de la tarde—. Me asombro, la velación es una técnica exacta pero misteriosa. Don Panchito me invita a permanecer acostado en su hamaca y él ocupa otra que cuelga del techo.

Guardamos silencio y poco a poco mi mente parece ser matizada por la de Don Panchito. Presto mucha atención y alcanzo una lucidez asombrosa y nunca antes experimentada por mí. Estoy seguro que algo en Don Panchito se me ha transferido y contagiado. De pronto ladra un perro, pero el sonido no proviene del exterior ni de la lejanía sino de una zona de mi mente. Soy capaz de seguir, paso a paso, la creación del ladrido, de atestiguar su origen en una especie de espejo inafectado y autorrefulgente y de seguir su camino en mi Conciencia, de nivel tras nivel hasta que desaparece como las olas de un mar agitado que de pronto ha recobrado la calma.

Recuerdo la descripción de Aurobindo —los pensamientos son como aves que atraviesan un cielo limpio sin dejar huella en él—. Volteó a ver a Don anchito y me percato que mi búsqueda de un maestro de Mahamudra ha sido recompensada. Para Don Panchito todo acontece al interior de la mente, no existe ni interior ni exterior, sino un continuo sin espacio ni tiempo, en el cual parecen los eventos. Don Panchito me invita a volver a visitarlo y permanecer con él varios días. Al decirme adiós, Don Panchito me husmea y Doña Sara traduce su mensaje de despedida—dice que no te preocupes que él te cuidará y seguirá enseñando durante el sueño.

Que Munay Ki las 9 iniciaciones chamánicas

El regreso

Estoy acostado en una hamaca en el interior de la choza de Don Panchito con él a mi lado, también recostado en una hamaca. No entiendo maya y Don Panchito parece no entender español. De vez en cuando me dice algo y yo le espondo con un murmullo de interrogación. La comunicación, sin embargo, existe entre nosotros pero en un plano ue rasciende lo verbal. Llevamos varios días así. Mi mente, al igual que durante la primera visita, parece ser una con la de on Panchito y con el entorno.

Me he acostumbrado a la ausencia de la separación entre lo interno y lo externo y sigo percibiendo la creación de mi propia experiencia desde un “mirador” que me permite atestiguar el origen de mis percepciones, sus cambios y procesos de interacción. Mis pensamientos forman una especie de malla o tejido que los interconecta. Puedo ver el surgimiento de cada uno, pero lo más extraño es no poder vivir así siempre. Quizás la ciudad tenga la culpa con sus ruidos y distracciones. Aquí, en este silencio sólo interrumpido por el canto de los pájaros o los ladridos de los perros, todo parece ser posible. Don Panchito se levanta muy temprano, antes de que salga el Sol. permanece sentado en su hamaca en una actitud meditativa contemplando el amanecer. Su gato se sienta a sus pies y la imagen de este anciano centenario, cubierta su cabeza con una gorra y su gato descansando debajo de él, su hamaca, a choza y la atmósfera maya, forman un cuadro de tal belleza y significado que me hacen sentir pleno y bendecido. En as noches, la luz blanquecina de la luna penetra a través de los huecos de las paredes y Don Panchito me enseña, durante mi sueño, a recorrer Universos. Desde la Ciudad de México no fui capaz de detectarlo, pero aquí no tengo que hacer ningún esfuerzo para que suceda.

Los Universos que veo son variados y muy raros. En ocasiones aparecen estrellas, en otras parajes montañosos y de vez en cuando submarinos. Lo más importante es el conocimiento y la observación de los procesos mentales y cerebrales. Poseemos un instrumento extraordinario dentro de nuestra cabeza y s una lástima no saber utilizarlo ni verlo. Estoy agradecido con Don Panchito por este regalo magnífico que me ha dado y quisiera ser capaz de poder hacer lo mismo con todas las personas.

Los pacientes

De vez en cuando vienen a consultar a Don Panchito. Se quejan con él y escuchan sus consejos. Los casos difíciles requieren el consejo de las estrellas. En la noche, Don Panchito sale al jardín, se sienta en una banca y permanece absorto contemplando el cielo. A la mañana siguiente, y dependiendo del contenido de sus sueños, ofrece el consejo o comparte la videncia con sus pacientes. Las estrellas y sus sueños parecen ser los consejeros de este Chamán que es 90 años mayor que yo.
En otras ocasiones, Don Panchito extrae de una bolsa una esfera de cristal, prende una vela y coloca la esfera frente a la flama y se concentra observando el interior dela esfera. Dice que las imágenes que aparecen le dicen lo que debe hacer con sus pacientes y le hablan de sus destinos. Del futuro, Don Panchito no dice nada. La primera vez que lo vi trabajar con sus esferas le pedí que me viera a través de ellas y que me dijera lo que vendría. Él se escandalizó cuando quise grabar sus palabras:— eso no se puede hacer, ¡no te das cuenta que hacerlo fijaría el futuro!—.

Que son las frecuencias de unidad ahora presentes en el planeta

Los cristales de Cuarzo

Los mayas conocían los cristales de cuarzo y su uso cientos de años antes de que Occidente “descubriera” la gemoterapia. Don Panchito guarda varios, pero es muy cuidadoso con ellos. Dice que todo lo amplifican, el bien y el mal, y que deben ser alimentados para que no pierdan su poder y energía. Eso sólo lo puede hacer un Chamán entrenado. Lástima que no entiendo maya. Aprovecho una visita de Doña Sara para hacer preguntas acerca del cuarzo. —Dice Don Panchito que los antiguos sacerdotes mayas poseían secretos. Eran capaces de construir sus monumentos moviendo las piedras a distancia con el uso de su mente y unos sonidos que emitían. Chiflaban y dependiendo de la secuencia tonal y a agudeza de los sonidos lograban controlar la materia y la energía.

Los grandes sacerdotes se reunían alrededor de grandes mesas hechas integralmente de cristales. Cada sacerdote impregnaba un cristal con su energía para que, en aso de morir, el cristal lo sustituyera en su trabajo mientras se preparaba a otro iniciado. El trabajo en la mesa de cuarzo servía para lograr un adecuado equilibrio de las influencias cósmicas—

Acupuntura maya

En el mismo pueblo de Don Panchito y en el resto de la Península viven chamanes dedicados a curar y mantener su tradición, aunque ninguno arece haber alcanzado el nivel de Conciencia de Don Panchito. La acupuntura se practica entre los chamanes mayas. Como agujas, utilizan los colmillos de las víboras de cascabel o los pelos de zorra. Mediante su uso, extraen los daños que los pacientes han adquirido. El acupunturista maya localiza la zona corporal afectada y luego introduce sus “agujas” en ella. Para las afecciones nerviosas, la zona escogida es el cráneo, para las renales las zonas de la espalda adyacente a estos órganos, etc.

El uso de la acupuntura parece provenir de un remoto pasado y su uso está muy extendido.

El uso del fuego

Don Rach Pech de la Ciudad de Motul es un chamán maya, especialista en el uso del fuego. Cuando un paciente le olicita ayuda, Don Rach Pech enciende un recipiente lleno de parafina y atiende a las formas de las flamas que surgen el combustible, mientras palpa al paciente ayudándose de una rama de ruda. La forma del fuego le “habla”, indicándole el diagnóstico y las hierbas que debe utilizar para curar a sus pacientes. Don Panchito conoce todas estas écnicas, pero en su opinión no son necesarias. Su mensaje es que, mientras mayor sea el nivel de un Chamán, menos ecesidad tiene de depender de instrumentos.

El corazón

El mensaje de Don Panchito es de amor, ternura y afecto. Su amino es el corazón y la sencillez. Ni presume su conocimiento, se vanagloria de su poder o anda en busca de honores. Su vida es modesta, limpia y sin pretensiones. Casi siempre permanece solo en contemplación y en una actitud meditativa. Doña Sara lo encontró cuando, al ver la superficie del agua de un cenote, se le apareció su cara y recibió un mensaje afirmando que los rasgos que veía eran los de su maestro, al que debía buscar. Durante meses se dedicó a hacerlo hasta que su corazón la guió a Tixhualactun.

A mí me sucedió algo similar cuando buscaba un maestro de la india, mi corazón me guió a esa muchacha que me habló de Don Panchito. Sin embargo, la enseñanza de Don Panchito es que cada quien es su propio maestro y en cada uno se localiza toda la sabiduría.

Los rivales

Por desgracia, el estado e bondad y desapego de Don Panchito no es compartido por algunas “personas de poder” que viven en la Península Yucateca. En el mismo Tixhualactun viven tres brujos que envidian a Don Panchito y que han intentado quitarle poder. Don Panchito se ríe de tales motivaciones y no se preocupa, pero cuida a sus discípulos asignándoles Protectores. Este tema está matizado por el misterio y los portentos. Un Protector es una entidad, fuerza vital o resultante psíquica que el Chamán es capaz de crear o invocar mediante una ceremonia especial. A Doña Sara, Don Panchito le ha asignado tres Protectores, cuya misión es defenderla de todo intento de causarle mal. El protegido tiene una gran responsabilidad al aceptar tal asignación, porque sus Protectores no tienen reparo en causar un daño terrible a quien ose desafiarlo.

En una ocasión, Doña Sara se descuidó y permitió que tres individuos le robaran su dinero. Tres semanas más tarde, uno de los ladrones apareció muerto en su casa, el otro cometió suicidio y el tercero quedó inválido. Don Panchito estaba enfurecido por la irresponsabilidad de su discípula y la amenazó con quitarle a sus protectores si volvía a descuidarse.

Los Alushes

El tema del Poder y su manejo se trata con mucha discreción entre los chamanes mayas. Las hazañas de Poder de los antiguos mayas en su portentosa capacidad de interacción mente- materia, videncia, entendimiento e invocación de Protectores solamente se comparte con los discípulos escogidos. Los Alushes son uno de estos temas de Poder.

El Chamán es capaz de incorporar su fuerza a pequeñas estatuas de barro. Estos Alushes son utilizados para defender las casas, los cultivos o los lugares de trabajo de alteraciones energéticas, robos o intentos de destrucción. Viajando con Doña Sara, yo tuve la oportunidad de probar la energía de un Alushe en un pequeño poblado cercano a la costa. Se trataba de un muñeco de 25 centímetros de altura, el que me lanzó de espaldas cuando lo toqué.

Comunicación directa

Una de las características comunes a todo verdadero Chamán, independientemente de su localización geográfica, lugar de origen o linaje es su capacidad de establecer y mantener una comunicación directa con sus discípulos, pacientes y protegidos. Ya mencioné una de estas instancias en el procedimiento de velación. En éste, Doña Sara decodifica los movimientos de la flama de una vela para conocer los mensajes provenientes de Don Panchito, aunque este último no requiere utilizar otro instrumento más que su propia ente para comunicarse. Esta capacidad de comunicación directa es una consecuencia del estado de Unidad y Mahamudra de la mente de Don Panchito. La sensación al estar junto a este gran Chamán es que, de alguna forma, él sabe quién es uno, qué está pensando y cuáles son sus intenciones, ero obre todo, qué tan lejos se encuentra de su Centro, esencia o fuente.

El Centro en el Ser

El Chamán verdadero puede diagnosticar y saber qué tan lejos se encuentra alguien de su verdadero Centro, porque él mismo ha logrado situarse allí. La dificultad para describir el sentido y la experiencia de estar en el “Centro” es mayúscula porque este estado trasciende cualquier descripción verbal. El Chamán reconoce la distancia que se encuentra entre la conciencia de un individuo y la suya propia y tiene el suficiente poder como para guiarlo a su encuentro Esta es la verdadera hazaña chamánica más allá de los manejos energéticos o las manifestaciones de videncia. Hacer recordar el Centro o estimular su vivencia constituye el más grandioso milagro de la tradición Chamánica en general y de la maya en particular.

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